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«Existe mucho interés por la IA, pero también muchas dudas en torno a la confidencialidad, la trazabilidad, la gobernanza del dato y la responsabilidad profesional»

El autor del post  Marcos Iglesias Marcos Iglesias
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El pasado 21 de abril publicamos los resultados del informe Legal AI View 2026, realizado por los expertos de la consultora Foqum Analytics especializada en inteligencia artificial y machine learning. Y una de sus conclusiones es que las editoriales jurídicas presentan el mayor nivel de madurez, frente a despachos, departamentos legales y AAPP. En esta entrevista de Marcos Iglesias el CEO de Foqum, Jacobo Pablos, nos da más detalles sobre este informe.

En modo elevator pitch, ¿qué es Foqum?

Somos una compañía de microservicios de inteligencia artificial. Tenemos pre-productos, motores de inteligencia artificial. Y nuestra obsesión es el time to market. Focalizar en el problema y tener una tecnología lo suficientemente ágil y flexible para, en el menor tiempo posible, poderla adaptar a un conjunto relativamente amplio de problemas.

Muchas veces el problema es aparentemente muy diferente y de una industria completamente diferente, pero la distancia técnica es estrecha.

No abordamos la inteligencia artificial como un ejercicio de laboratorio, sino como una herramienta para resolver problemas concretos: automatizar procesos, extraer valor de grandes volúmenes de información, reducir tiempos de respuesta y mejorar la toma de decisiones.

Habéis publicado recientemente el informe Legal AI View 2026. Objetivos y alcance de este informe.

El objetivo es poder plasmar de manera un poco general cómo se está usando la inteligencia artificial y cuál es la adopción de la misma. Nosotros hemos visto cómo poco a poco, en un sector muy tradicional y donde la protección de la información es muy relevante, se ha acelerado muchísimo el uso de la IA.

Queríamos plasmar que la inteligencia artificial tiene un gran interés en cualquier sector y una gran usabilidad, y motivar también a compañías más pequeñas a que se lancen a usarla. Este informe también trata de reflejar cómo nuestra trayectoria puede ayudar a plasmar una usabilidad real y segura de herramientas tan potentes como es la IA generativa.

El informe nace también con una voluntad muy práctica: separar la expectativa del impacto real. En el sector legal existe mucho interés por la IA, pero también muchas dudas razonables en torno a la confidencialidad, la trazabilidad, la gobernanza del dato y la responsabilidad profesional. Por eso quisimos analizar no solo el grado de adopción, sino en qué procesos está aportando valor hoy: gestión documental, revisión contractual, búsqueda semántica, extracción de información, transcripción, anonimización o generación de resúmenes jurídicos.

Uno de los titulares es que las editoriales jurídicas presentan el mayor nivel de madurez, con una puntuación de 7 en una escala de 1 a 10. Motivos.

Las editoriales jurídicas llevan muchos años trabajando con documentación y con grandes volúmenes de información. Lefebvre fue una compañía pionera en tener claro que el Machine Learning iba a tener un peso muy relevante en el futuro y allá por el 2017 decidieron apostar por nosotros.

En concreto, la ventaja de las editoriales jurídicas parte de algo muy concreto: disponen de conocimiento jurídico ya estructurado, clasificado y enriquecido. Eso las sitúa en una posición especialmente favorable para aplicar IA de forma útil y segura. En sectores como el legal, la madurez no depende solo de tener tecnología, sino de contar con datos bien organizados, criterios expertos y procesos capaces de integrar esa inteligencia en el día a día.

En la categoría de editoriales jurídicas, ¿incluyes también a startups legaltech constituidas en los dos o tres últimos años a rebufo de la IA generativa?

Ahora mismo hay muchas compañías que están apareciendo y eso enriquece el sector de una necesidad de mercado que cada vez es más grande.

En este sentido, conviene distinguir entre actores con una trayectoria sólida en gestión de conocimiento jurídico y nuevas legaltech nacidas al calor de la IA generativa. Estas últimas aportan dinamismo e innovación, pero la madurez no se mide solo por lanzar una interfaz conversacional: exige profundidad técnica, control del dato, trazabilidad, seguridad y una comprensión real del contexto jurídico en el que se aplica.

¿Estructurar, indexar y clasificar los datos propicia que los resultados que ofrece la IA sean más precisos y confiables?

Diría estructurar, indexar, clasificar y buscar. Hoy en día no es solo importante tener clasificados y estructurados tus datos sino también tener una herramienta de búsqueda con una alta relevancia entre la pregunta y respuesta de los documentos objetivo a encontrar.

Muchas veces hace que no sea necesaria tanta clasificación dependiendo de la tipología de despacho y sus necesidades sino poder buscar de manera profunda dentro de tu propia documentación. Por ejemplo, necesitas hacer un nuevo contrato para un cliente y te preguntas; “yo he hecho un contrato parecido con estas particularidades”, y entonces entras en tu buscador en lenguaje natural y encuentras un contrato similar que te ayuda a acelerar la redacción del nuevo contrato.

Tras las editoriales jurídicas, en vuestra clasificación encontramos a las grandes firmas, por encima de medianos despachos y boutiques. ¿Obedece más a una cuestión de recursos o a cultura de la firma?

Yo diría que ambas dos.

Cuando eres un grupo más pequeño los recursos son reducidos por lo que es raro contar con alguien interno que sea experto en tecnología o al menos inquieto en esta materia. Por ende ese desconocimiento hace que haya un cierto rechazo cultural, aunque considero que va reduciéndose con cierta celeridad.

Las grandes firmas suelen tener más capacidad para invertir, probar soluciones y dedicar equipos a innovación, pero el factor cultural también es relevante en algunos departamentos. La adopción de IA no debe partir únicamente de una conversación técnica, sino de entender bien el problema de negocio que se quiere resolver. Por eso es clave hablar con quienes conocen el proceso y sufren sus ineficiencias en el día a día: solo así la tecnología deja de ser una capa adicional y se convierte en una solución útil, medible y alineada con la realidad del despacho.

La pregunta anterior, ¿es aplicable a las asesorías jurídicas de empresa, en función de su tamaño?

Sí, sin duda. A día de hoy hay un porcentaje grande ya está jugueteando con la IA siendo accesible para muchos. En este sentido, nosotros trabajamos tanto para compañías grandes como para pymes de pequeño tamaño.

La diferencia está en cómo se aterriza y por tanto en una asesoría jurídica más pequeña también se puede obtener impacto si identifica bien el proceso del problema donde aplicar una solución de IA. La clave por tanto no es empezar por la tecnología, sino por el punto de mejora / ineficiencia: dónde se pierde tiempo, dónde hay riesgo, dónde se repiten tareas y dónde la automatización puede liberar capacidad para trabajo de mayor valor.

En último lugar hallamos a las Administraciones Públicas. ¿La resistencia al cambio en este sector puede ser el factor principal?

La administración pública es garantista, cuenta con bastante legacy tecnológico, y en ocasiones hay que desplegar en sus propios servidores, tarea nada sencilla. Por tanto, no diría que el problema principal no son las personas, sino las dificultades intrínsecas de la propia estructura de la administración.

También indica que los despachos y departamentos jurídicos destinan actualmente entre un 2% y un 5% de su presupuesto tecnológico a proyectos de IA. Así, a bote pronto, nos parece un porcentaje muy pobre.

Creo que este número está creciendo mucho. Muchas veces hablamos de presupuestos tecnológicos oficialmente asignados. Muchas compañías no tienen previamente asignado un presupuesto grande o representativo. En marketing tú dices cuánto me voy a gastar y la gente lo sabe. En cambio, a nivel tecnológico oficialmente, y sobre todo en compañías más pequeñas, sigue siendo pequeño.

Además, el porcentaje por sí solo no siempre refleja la realidad del mercado. Muchas iniciativas de IA nacen ligadas a proyectos concretos de eficiencia, automatización o gestión documental, y no necesariamente dentro de una partida formal de “IA”. Lo relevante no es solo cuánto se invierte, sino si esa inversión está bien orientada, tiene métricas claras y responde a un problema operativo real.

Un análisis de la ELTA y Lefebvre evidencia que, a nivel europeo, el 84% de los profesionales del sector jurídico usa herramientas de IA generativa. Y en España, este índice sube hasta el 95% en el caso de las herramientas genéricas, por un 59% de las específicas. ¿Por qué esa diferencia? ¿El factor precio es importante?

En el ámbito legal en España, un amplio porcentaje de los despachos son pequeños o unipersonales por lo que muchos no se pueden permitir determinadas herramientas y usan la versión gratuita de herramientas nativas privadas, aunque implique riesgos.

El precio sin duda influye, pero no considero que es el único factor. Las herramientas genéricas tienen una barrera de entrada muy baja: en muchos casos basta con tener conexión a internet para empezar a probarlas, sin integración ni despliegue previo. Eso explica en parte que sus cifras de uso sean tan elevadas. El reto es que, en un entorno jurídico, esa facilidad puede generar una falsa sensación de seguridad: cuando hay información sensible o responsabilidad profesional, importan especialmente el control, la trazabilidad, la especialización y la protección del dato.

Hablemos un poco sobre vosotros. En concreto, de vuestro producto Legal AI Suite. También en modo elevator pitch, ¿en qué consiste?

Legal AI Suite no es un SaaS cerrado ni una herramienta estándar que se despliega igual para todos los clientes. Es una suite modular de capacidades de inteligencia artificial aplicada al ámbito legal, diseñada para adaptarse a los procesos, datos y necesidades concretas de cada organización.

Permite activar distintos motores según el caso de uso: análisis documental, extracción de información, generación de resúmenes, anonimización o seudonimización de datos, entre otros. Estas capacidades pueden combinarse en flujos más amplios para automatizar procesos jurídicos completos y desplegarse en herramientas ya existentes dentro de la organización o desarrollar fronts específicos para la empresa.

La clave es que no partimos de la tecnología por la tecnología, sino del problema operativo: identificamos dónde hay fricción, riesgo o pérdida de tiempo, y desplegamos los módulos necesarios para generar impacto real en el trabajo jurídico.

Sois proveedores de compañías legaltech, y entre ellas está Lefebvre. ¿Qué alcance tiene ese partnership?

Lefebvre apostó por nosotros allá por 2017. En ese momento éramos pocos los que estábamos centrados en la aplicación del machine learning en el ámbito legal y Lefebvre, aun siendo Foqum una empresa pequeña, decidió apostar por nosotros. Como decía anteriormente y, por supuesto independientemente de nuestra larga trayectoria con ellos, considero que fueron unos visionarios y que cuentan con un extraordinario equipo que está escalando de manera brillante el uso de la IA en el ámbito jurídico.

Estáis en el Top 25 de las scaleups tecnológicas con mayor crecimiento de España, dentro del Deloitte Technology Fast 50 Programme. ¿Qué supone para vosotros este hito?

Es un reconocimiento al trabajo realizado durante muchos años desarrollando soluciones de inteligencia artificial.

Para nosotros es especialmente relevante porque reconoce no solo el crecimiento, sino la consistencia de un proyecto que lleva años apostando por tecnología propia, aplicada a problemas reales y con impacto en sectores muy exigentes. Es también un impulso para seguir escalando sin perder lo que nos define: cercanía al cliente, foco en el problema y capacidad para llevar la IA a producción de forma ágil y segura.

Vemos a Bigle en el 26 y a TaxDown en el 9. Cuesta mucho ver a startups o scaleups legaltech, taxtech o regtech en este tipo de rankings…

Es un mercado con una fragmentación alta y con ciclos de adopción más lentos que otros sectores tecnológicos. Eso hace que escalar sea especialmente complejo: no basta con tener una buena solución, hay que generar confianza, integrarse en procesos muy regulados y demostrar impacto de forma clara. Por eso, cuando aparecen compañías legaltech, taxtech o regtech en estos rankings, es una señal positiva de madurez del ecosistema.

Hemos leído sobre vuestra capacidad para ir más allá del mercado español y desplegar operaciones en Arabia Saudí. ¿Por qué ese país? ¿Tenéis planes en otros territorios, como Latam?

Arabia Saudí es hoy un mercado especialmente relevante por la transformación que está impulsando el gobierno con su plan “Vision 2030” donde la inteligencia artificial es una palanca clave para la modernización. Para nosotros, abrir operaciones allí responde a esa oportunidad: acompañar desde el terreno a organizaciones públicas y privadas que están abordando procesos de cambio ambiciosos.

El mercado de Latam también lo estamos trabajando por cercanía cultural y lingüística, aunque hoy nuestra prioridad está en Arabia Saudí y los países del GCC.