Los zoomer ya lo tienen claro: la IA no cambia el derecho, cambia la forma de trabajar del jurista
Recientemente tuvo lugar en la madrileña Fundación Ortega y Gasset el programa «Inteligencia Artificial en el ámbito jurídico», iniciativa auspiciada por la boutique legal Summa Iuris y Tirant lo Blanch, con el apoyo de Broseta, eactivos.com y Trademat. Una propuesta prometedora: los tres primeros panelistas eran, nada más y nada menos, que Aitor Cubo, Director General de Transformación Digital de la Administración de Justicia; Alberto Gago, Director General de AESIA; y el magistrado Alfonso Peralta. Nuestro compañero Marcos Iglesias, estudiante de Derecho y Periodismo en la URJC, asistió a las dos sesiones especializadas en legaltech, y en este artículo comparte su valiosa visión zoomer de lo que allí escuchó.
El jueves 12 de febrero asistí a una ponencia centrada en el impacto real de la inteligencia artificial en la práctica jurídica. En la mesa participaron Ana Vives, directora de contenidos de Tirant Lo Blanch; Jorge Arroyo, su director de innovación; Jorge Cerdio, especialista en inteligencia artificial aplicada al derecho; y Rafael Cana y Borja Fraguas, socios directores de Summa Iuris. Desde el primer momento quedó claro que no se trataba de hablar de un futuro lejano, sino de un cambio que ya está transformando la forma de trabajar del jurista.
La IA como herramienta, no como sustituto
Uno de los mensajes más repetidos fue que la IA no sustituye al abogado, sino tareas concretas del abogado. Puede ayudar a redactar borradores, resumir documentos extensos, ordenar información o localizar jurisprudencia, pero la responsabilidad siempre sigue siendo humana. Si el resultado es erróneo, quien responde es el profesional que firma.
Se explicó, además, por qué ocurre esto: los modelos de lenguaje no “saben derecho”. Funcionan calculando probabilidades entre palabras. Por eso pueden generar textos muy convincentes aunque jurídicamente sean incorrectos. La apariencia de seguridad no equivale a veracidad.
La importancia del prompt y del pensamiento crítico
Se insistió en que preguntar bien es casi una habilidad jurídica nueva. El resultado depende del contexto introducido: hechos, jurisdicción, finalidad del escrito, tipo de procedimiento. Sin esa precisión, el sistema completa huecos con información probable, no necesariamente real.
Esto cambia el papel del jurista:
- antes buscaba información
- ahora debe validar información
La verificación jurídica se convierte en el paso principal del trabajo.
Transparencia, sesgos y protocolos en despachos
Otro punto clave tratado fue la trazabilidad. El usuario debe poder entender por qué obtiene una respuesta concreta. El orden de los resultados depende del contenido y de los datos de entrenamiento, por lo que existen sesgos inevitables.
Por ello se recomendó crear protocolos internos en los despachos:
- no introducir datos confidenciales
- revisar siempre los resultados
- documentar el uso de IA en el proceso de trabajo
La tecnología acelera, pero también obliga a un mayor control profesional.
Propiedad intelectual y responsabilidad jurídica
Se abordó el debate sobre autoría y derechos. La idea principal fue clara: sin intervención humana significativa no hay autoría jurídica. La IA no puede ser titular de derechos.
También se planteó la cuestión de responsabilidad: usar IA no elimina la responsabilidad profesional. Si un escrito contiene un error, responde el abogado, no el sistema.
Mi visión como estudiante de la generación Z
Como joven acostumbrado a convivir con buscadores, asistentes y automatización, la ponencia me resultó especialmente reveladora. Estamos habituados a confiar en la rapidez tecnológica, pero en derecho ocurre lo contrario: cuanto más rápida es la herramienta, más lento debe ser el criterio.
Entendí que el valor del jurista no será competir con la máquina en velocidad, sino en juicio. El profesional del futuro no será reemplazado por la inteligencia artificial, sino por otro profesional que sepa usarla mejor y, sobre todo, cuestionarla mejor.
Al día siguiente tuvo lugar otra ponencia con Ana Vives y Jorge Arroyo, con un enfoque claramente aplicado.
Se trabajó con:
- ejercicios predictivos
- búsqueda fundamentada de jurisprudencia
- uso práctico de formularios
- estructuración de argumentos jurídicos
Aquí se vio la diferencia entre información genérica de internet y conocimiento jurídico estructurado. Los profesionales de Tirant mostraron cómo integrar bases de datos jurídicas con herramientas de IA para acelerar el trabajo sin perder rigor.
Fueron dos jornadas complementarias: la primera más conceptual y la segunda más práctica. Ambas resultaron amenas, profesionales y participativas, con colaboración constante de los asistentes y un debate profundo sobre el papel real de la inteligencia artificial en el ejercicio jurídico.
La principal conclusión fue clara: la IA no cambia el derecho, cambia la forma de trabajar del jurista. Y cuanto más útil se vuelve, más importante se vuelve el criterio humano.
Marcos Iglesias