Bigle pone el foco, con humor, en el gran problema invisible de los contratos: están guardados, pero nadie sabe realmente qué contienen
La compañía lanza una serie de vídeos que retratan, entre la sátira y la realidad, cómo las empresas han acumulado durante años contratos que después resulta difícil encontrar, entender y gestionar. La campaña anticipa un próximo lanzamiento de Bigle que promete cambiar la forma en que las organizaciones trabajan con su información contractual.
Hay cosas que desaparecen sin dejar rastro. Una persona. Un documento. Una cláusula. Un plazo de renovación. O una obligación que alguien firmó hace tres años y de la que nadie volvió a acordarse.
Bigle ha decidido poner el foco, con humor, en una realidad que forma parte del día a día de muchos departamentos jurídicos: las empresas han aprendido a guardar contratos, pero no necesariamente a aprovechar la información que contienen.
Para hacerlo, la compañía ha lanzado una serie de tres vídeos que, desde situaciones deliberadamente exageradas y reconocibles, retratan algunos de los problemas más habituales de la gestión contractual tradicional. Un investigador privado busca una cláusula desaparecida. Una archivista custodia contratos en un sótano sin saber qué dicen. Y un funeral sirve para despedir, simbólicamente, una forma de entender la gestión contractual que durante años ha estado basada en almacenar documentos y recuperarlos cuando alguien los necesita.
Los vídeos forman parte de una campaña de expectativa previa a un próximo lanzamiento de Bigle, del que la compañía todavía no ha desvelado todos los detalles.
El contrato está ahí. El problema es encontrarlo
En el primer vídeo, la escena podría pertenecer a una película de investigación: un investigador privado busca una cláusula que parece haber desaparecido. Hay un contrato. Hay una empresa. Hay una cláusula que alguien necesita encontrar. Pero nadie sabe exactamente dónde está.
La situación es ficticia, pero el problema no lo es.
Durante años, los contratos corporativos se han almacenado siguiendo una lógica documental: carpetas, nombres de archivos, repositorios y sistemas de archivo. El documento existe, pero localizar dentro de él una determinada obligación, condición, fecha o cláusula puede requerir revisar manualmente cientos o miles de páginas.
Y cuando la información que se busca no es simplemente “¿dónde está el contrato?”, sino “¿qué hemos firmado?”, el problema cambia completamente de dimensión.
Del archivo al sótano
El segundo vídeo lleva esta situación al extremo: una persona encargada de archivar contratos trabaja rodeada de documentos acumulados en un sótano.
Su trabajo consiste en archivarlos. Y ahí termina su responsabilidad.
La escena juega con una pregunta sencilla: ¿de qué sirve tener todos los contratos si nadie sabe qué información contienen?
Los contratos no son únicamente documentos que deben conservarse. En ellos viven fechas de renovación, obligaciones, condiciones económicas, compromisos con proveedores, derechos, restricciones, penalizaciones y todo tipo de eventos que pueden tener consecuencias para el negocio.
Sin embargo, buena parte de esa información permanece atrapada dentro de documentos que han sido almacenados, pero que no han sido convertidos en información estructurada y accionable.
“Durante años hemos tratado el contrato como un documento que había que guardar. Pero un contrato es mucho más que un PDF almacenado en una carpeta: contiene compromisos que afectan al negocio durante meses o incluso años”, explica Alejandro Esteve de Miguel, CEO y cofundador de Bigle.
Un funeral para una forma de gestionar contratos
El tercer vídeo lleva la campaña un paso más allá. En un funeral, se entierra simbólicamente el antiguo CLM y la IA legal tal y como se ha entendido hasta ahora.
El mensaje es deliberadamente provocador: una forma de hacer las cosas está llegando a su fin.
No se trata únicamente de sustituir una herramienta por otra. La campaña plantea una cuestión más profunda sobre el futuro de la gestión contractual: si la inteligencia artificial puede comprender el contenido de los contratos, extraer su información y actuar sobre ella, ¿tiene sentido seguir tratando el contrato como un simple archivo que se almacena y se consulta cuando surge un problema?
Bigle todavía no desvela la respuesta.
Lo que sí adelanta la compañía es que estos vídeos son solo el primer capítulo de un lanzamiento que llegará próximamente y que estará centrado precisamente en transformar la relación de las empresas con sus contratos y con toda la información que contienen.
El problema no es nuevo. La forma de abordarlo sí puede serlo
La gestión contractual ha evolucionado significativamente en los últimos años. Los departamentos legales han pasado del papel a los repositorios digitales y, posteriormente, a plataformas de Contract Lifecycle Management capaces de centralizar y automatizar parte del proceso.
Pero digitalizar un contrato no significa necesariamente entenderlo.
Un repositorio puede almacenar miles de contratos. Un buscador puede ayudar a encontrarlos. Un CLM puede organizar determinados procesos. Pero el verdadero reto comienza cuando una empresa necesita responder preguntas sobre todo aquello que ha firmado: qué obligaciones tiene, qué contratos están a punto de renovarse, qué condiciones se han pactado o qué información relevante permanece escondida dentro de documentos que llevan años almacenados.
Es precisamente sobre esta brecha entre tener los contratos y conocer realmente lo que contienen sobre la que Bigle ha construido su nueva campaña.
Y también sobre la que prepara su próximo lanzamiento.
Tres vídeos. El mismo problema
Con un tono que combina humor, cultura popular y situaciones reconocibles para cualquier profesional que haya trabajado con contratos, Bigle busca convertir un problema tradicionalmente poco visible en una conversación abierta dentro del sector legal.
Porque quizá el problema nunca fue que las empresas tuvieran demasiados contratos.
Quizá el problema era que, después de firmarlos, los contratos se convertían en archivos.
La compañía mantiene por ahora los detalles de su próximo lanzamiento bajo reserva. Los tres vídeos ya sirven, sin embargo, como adelanto de la pregunta que Bigle quiere poner sobre la mesa:
¿Y si los contratos pudieran hacer mucho más que quedarse guardados?
El lanzamiento llegará próximamente.